El Estado se construye a través de las Empresas Públicas en un agente impulsor del desarrollo económico y social. Partiendo de esta premisa el Estado juega diferentes roles, actuando simultáneamente como accionista empresario, arrendatario, asegurador, banquero, controlador, constructor, etc.

El Estado debe garantizar el desarrollo armónico y equilibrado a través del fomente empresarial en todo el país; ello requiere desconcentrar en las áreas regionales las fuentes de industrialización, transformación y distribución de los recursos, dejando los excedentes para que reviertan en la inversión y desarrollo de las mismas zonas regionales.

Por consiguiente, constituyen Empresas Públicas aquellas personas de derecho público/ privado en las cuales el Estado tiene una participación accionista mayoritaria; estas empresas se han originado en las siguientes formas: unas veces por nacionalización (expropiación) de empresas transnacionales que venían operando en el país, otras veces por creaciones del Estado de acuerdo a sus necesidades de incrementar  fuentes de riqueza económica, o bien de manejar directamente la prestación de bienes y servicios básicos, como agua, energía eléctrica, telecomunicaciones, transportes, alimentos, etc.

En cualquiera de las perspectivas, éstas confluyen en que las Empresas Públicas actúan como agentes o instrumentos de las políticas y objetivos de desarrollo del Estado; en este sentido, cabría revisar su posición en el mercado, su gestión, su dualidad beneficio-servicio, su participación en el PNB y Balanza de Pagos, desempeño de sus ejecutivos y la aplicación de mediadores a su rendimiento.

Sobre su posición en el mercado, las Empresas Públicas operan en mercados internos monopólicos (servicios), salvo aquellas que efectúan comercialización exterior de algunos productos, pero que están sujetas a precios y cuotas establecidas por mercados externos; otras (con poco éxito) se ubican en el mercado competitivo. La revista Progreso de 1982 registra algunas empresas peruanas entre las primeras 500 de América Latina en orden de ventas (9). Los precios y tarifas están controlados por el Estado, no habiendo en este sentido una influencia en el mercado sobre el bien o servicio que se comercializa.

Un aspecto de suma importancia que se comentará en este punto, será el referido a la rentabilidad de las Empresas Públicas. ¿Deben o no rentabilizarse las Empresas Públicas? ¿Deben generar beneficios o excedentes? ¿Se deben limitar a cubrir solamente sus costos de operación? ¿Cómo debe evaluarse la gestión empresarial?.

Empresarios y ejecutivos del sector privado, directivos  y funcionarios públicos; a unos les afecta el hecho de tener déficit en sus resultados, a los otros no, porque el Estado subvenciona las pérdidas.

Unos se mueven dentro de una dinámica de resultados concretos; otros dentro de un ámbito burocrático. Algunos funcionarios no ven afectados sus cargos por resultados negativos, en cambio el empresario y el ejecutivo privado serán remunerados según el progreso de su empresa (sector privado).

Estas son algunas de las diferencias que existen entre los funcionarios públicos (sector público), los directivos y gerentes (empresas públicas), y los empresarios y ejecutivos (sector privado).

En principio, existen diferencias de: formación, función, finalidad y política. De formación, porque cada quien tiene una vocación y experiencia que cumplir, suponiendo que se desenvuelve dentro del campo para el cual se ha preparado. Sería una ocurrencia no razonable formarse en abogacía por ejemplo, para luego seguir un curso de alguna especialidad médica, y dedicarse posteriormente a ejercer la medicina.

Esto resulta no sólo incomprensible sino además irreal, inoperante y propio de la ineptitud, ya que la práctica de una disciplina no debe abordarse con tanta irresponsabilidad e indiferencia.

Los resultados de estas prácticas ya comunes en nuestro medio, reflejan muchos casos el estado de la práctica administrativa en las Empresas Públicas, y en los órganos públicos del Estado.

Otros aspectos resaltantes son la función y la finalidad. La complejidad de las tareas en un organismo público, así como los propósitos finales que se le destinan, son ampliamente diferenciados con los de una Empresa Pública, estaría demás particularizar los detalles que se dan al respecto.

NESTOR FIGUEROA:   EMPRESAS PUBLICAS, ORGANIZACION, SISTEMAS, Y CONTROL DE GESTION