En el ambiente de los negocios, y en las esferas de la burocrática Administración Pública, cada vez es más difícil hallar actores que tengan un espíritu directivo  y estilo gerencial, que promuevan el desarrollo institucional, que fomenten el desarrollo de su entorno, o que generen acciones y resultados con desarrollo sostenible; estableciendo una responsable y continua dirección tecnológica, y a la vez eficaz en el uso de los recursos institucionales, agregando además, una dosis de sensibilidad social y justicia como medio de optimización de las estrategias sociales.

Este trabajo tiene una postura gerencial que fomenta el impulso hacia el desarrollo social, hacia el estímulo de la inteligencia social futurista; con impulso de valores cristianos en su mecánica medular de integración de procesos; queríamos además etiquetar un título que insinuara más que un enunciado modernista, el interés profesional de la reflexión, y que produjera una aguda motivación hacia el cambio social.

Que además despertara la elemental conciencia hacia un rol gerencial de compromiso social, porque el gerente moderno tiene esa responsabilidad, de dirigir con creatividad, innovación, capacidad, experiencia, especialización, integridad, tecnología, probidad, orientado a la productividad y rentabilización de las inversiones; pero también con sensibilidad, equidad y servicio social, contribuyendo al desarrollo económico, a la justicia social, y a elevar las condiciones de vida poblacional.

Sin duda, estos son tiempos difíciles, para la humanidad en general, aún también lo son para los países ricos y desarrollados, por qué razón?; porque es notoria la descomposición globalizada de valores en el mundo, el concepto de globalización no es solamente aplicado al mundo de los negocios, de la interrelación de las actividades comerciales, de la producción de recursos y servicios mundiales, lo es además entre fuerzas continentales y regionales de hegemonía de poder, que están luchando por mantener una vanguardia de dominio sobre las regiones.

El Perú, como muchos países del mundo, vive en una vorágine cerrada de subdesarrollo y erosión de valores; las razones son múltiples según cada quien las interprete, esa realidad, es el odio, la desunión, la iniquidad, el egoísmo, la falta de identidad nacional, la soberbia, la ignorancia, la mediocridad, la informalidad, la entropía de valores, que es la metástasis republicana cancerígena no curable del Perú, bajo una cadena generacional de casi 190 años.

Sin embargo, hay una aspiración y necesidad nacional, de salir adelante, de convertirse en país vanguardia del desarrollo regional. Perú tiene todos los recursos naturales, como para levantarse, iniciando una productividad sostenida, capacidad de consumo, distribución equitativa; pero antes, deberá combatir frontalmente la carencia de valores, la pobreza, el desempleo, la corrupción, los malos servicios públicos, la inseguridad urbana, el desorden, la indisciplina, la pobre calidad de gerencia social.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NESTOR FIGUEROA:  GERENCIA PARA EL DESARROLLO SOCIAL Y EFICACIA DE VALORES